La veloz evolución de la tecnología de informática y de telecomunicaciones y las consiguientes transformaciones en el ámbito de la comunicación mediática han creado cambios importantes en el campo político. Éstos se vinculan con los actores del juego democrático y con las formas de comunicación que se
establecen entre ellos, pero también con sus vías y modos de expresión, con las herramientas con los que políticos y ciudadanos expresan sus opiniones y su voluntad política.
Badillo (2002) plantea que la democracia actual incluye dos grandes etapas:
- La primera, la de la democracia mediática, “Supone la construcción de la
opinión pública a través de la actividad de los medios de comunicación
de masas, especialmente la radio y la televisión. Los medios aparecen
en este modelo como los responsables de la construcción y canalización
de las agendas públicas y políticas, como los grandes mediadores entre
los actores político-sociales y la opinión pública”.
- La segunda etapa, que en esta década al menos, se superpone a la democracia mediática, es la de la democracia electrónica. En ella aparecen nuevas formas de construcción de la opinión pública utilizando
las tecnologías de la información y comunicación (TIC).
En esta época, existen una multitud de variaciones posibles de la manera en la que los ciudadanos se relacionan con el sector público y en la manera en la que el sector público lleva su información entre diferentes instituciones gubernamentales, y sobre todo a los ciudadanos. Es de esta etapa de la que
nos ocuparemos en este trabajo.
Habitualmente, por democracia electrónica se entienden las potencialidades de progreso de la democracia brindadas por las TIC, fundamentalmente la interacción entre gobierno / políticos / ciudadanos. Desde los años ´70 en adelante, diversas experiencias desarrolladas en redes de telecomunicaciones y de televisión por cable -sobre todo en Estados Unidos- han manifestado, por un lado, cómo las TIC permitirían una mejora importante de la comunicación entre ciudadanos y gobiernos, supliendo los tradicionales sondeos de opinión
por la participación permanente de los ciudadanos en la formación de opinión pública, la discusión y la toma de decisiones políticas. Por otro lado, cómo los ciudadanos podrían hacer pública su propia información, para el debate entre ciudadanos, con los políticos y con los gobiernos (Artopoulos, 2000; Badillo, 2002).
Así, Internet es percibida por especialistas y usuarios como un medio de educación y formación individual, incitación a la participación cívica, herramienta de cotejo de la opinión pública, puerta del acceso de los
ciudadanos a los funcionarios de la Administración, plataforma de foros Dr. Alejandro Prince – Voto electrónico públicos, mecanismo de simplificación del procedimiento de inscripción de los votantes, e incluso factor de estímulo del propio voto.
En la emergente sociedad de la información, la comunicación política ha dejado de ser un monopolio de los medios tradicionales y de los periodistas, que hasta hace pocos años conglomeraban toda la opinión pública y encauzaban la mayor parte de la información que llega al (y del) ámbito de la esfera pública: como plantea Araya Tagle (2003), en los últimos años han surgido una multiplicidad de experiencias de comunicación ciudadana en la web: portales, foros, weblogs, y servicios en línea orientados hacia el “mundo ciudadano”, ya
sea implementados desde el sector público y los partidos políticos o desde las organizaciones comunitarias.
Algunos autores, como Davis (2002) describen a Internet como una pujante tecnología para una democracia de base, y plantean que, al facilitar la discusión y la acción colectiva de los ciudadanos, insufla vigor a la democracia.
Para muchas organizaciones comunitarias, la web es potencialmente un potente instrumento con el que reorganizar la política.
En esta dirección, tanto organizaciones de la sociedad civil (OSC) como partidos y agrupaciones políticas están desarrollando procedimientos de información y participación a través de sus portales y websites. La
multiplicación, aceptación y uso de estos medios de comunicación ha tenido gran influencia en la conformación de la llamada “Internet ciudadana” (Araya Tagle, 2003), que según este autor puede definirse como el conjunto de usos y apropiaciones sociales de Internet encaminados a provocar debates e intervenir en los asuntos públicos de las sociedades, a nivel local, regional, nacional o global.
Esta circulación “libre” de información contribuiría a la construcción de la opinión pública, sin la cual no habría democracia posible, por vías electrónicas o tradicionales. Ahora bien, ¿Cuál es la relación existente entre e-democracia y voto electrónico?
Existe otro interrogante: ¿podrían ser las consultas por medios electrónicos a la ciudadanía, más numerosas y frecuentes que la de la elección de los representantes? ¿Se consultará a los ciudadanos en lo que respecta a todo tipo de decisiones políticas? ¿Se harán encuestas electrónicas cuando haya que tomar decisiones que afecten, por ejemplo, el espacio público o las infraestructuras? ¿O cuando se debata un código de convivencia urbano?
De aceptar este concepto, se permitiría que muchas decisiones fueran tomadas directamente por los ciudadanos, lo que aumentaría la sensación de democracia directa y, al mismo tiempo, limitaría eventualmente los riesgos de la toma de decisiones en política (Badillo, 2002). Pero muy probablemente, se agotaría rápidamente el interés y la voluntad de participación política por parte de los ciudadanos, que estarían sobresaturados por la frecuencia de la participación directa en el mediano y largo plazo.
Dr. Alejandro Prince – Voto electrónico
No se trata de soslayar a los representantes políticos y de hacer de Internet
una gigantesca ágora ateniense, sino de participar efectivamente, en tanto que
ciudadanos, en la res publica. Pero para que esto se cumpla, y arriesgándonos
a repetir conceptos ya trillados, es necesario que los ciudadanos puedan tener
acceso, no solo a la tecnología, sino a la información y a espacios de debates y
discusiones, tanto presenciales como virtuales. Las TIC permiten, en este
sentido, hacer circular la mayoría de la masa de informaciones y permite que
los ciudadanos, aun los de poblaciones pequeñas o aisladas, tomen
conocimiento de la diversidad de opiniones e intercambien sus percepciones
sobre diversos problemas públicos para expresar sus propuestas, con
anterioridad al proceso electoral.
La misma Internet Voting Task Force (2000) advierte que la implementación del
voto electrónico a través de Internet es un proceso complejo en el que no se
puede cometer errores. Recomienda una ejecución por fases, que permita
tanto a los votantes como a las autoridades implicadas en el proceso electoral
la oportunidad de identificar los posibles problemas antes de que estos ocurran.
Por lo demás, sugiere también que el voto por Internet no reemplace al voto
tradicional, sino que lo complemente, y que el diseño de los sistemas de voto
electrónico ofrezca garantías contra los posibles fraudes que sean al menos tan
seguras como las del voto en papel.
La e-democracia y el voto electrónico
A pesar de las facilidades tecnológicas del voto electrónico y de su potencial de
incrementar el número de votantes, la democracia electrónica en su sentido
estricto va más allá del proceso electoral limitado al depósito de un voto: se
dirige a la formación de opinión pública a través de medios electrónicos y a su
ejercicio concreto, por este tipo de medios u otros.
La democracia no es sólo un procedimiento electoral periódico, y no debería
ser reducida al voto institucionalizado. Badillo (2002) sugiere que el acto
esencial de la elección de los representantes debe acompañarse de la puesta
en práctica del derecho a la participación en la definición de los temas de la
agenda política y el control de estos temas en el marco de las instituciones
correspondientes.
Según Davis (2002), en el campo de la participación ciudadana en la arena
política, Internet adquiere una doble dimensión: por un lado, aumento de la
información disponible por el ciudadano medio, y por otro, un mayor control
individual sobre la información recibida. La combinación de ambos factores
posibilita una genuina capacidad de vigilancia cívica, con una ciudadanía más
activa e informada. Se posibilitan nuevos mecanismos de control de los
poderes públicos y, al tiempo, otros mecanismos para que los ciudadanos
pueden acceder rápida y fácilmente a la información pública, al intercambio de
opiniones entre ellos y con sus representantes, y finalmente, a la construcción y
control de la implementación de la agenda política.
El rol del Estado en este proceso es clave, como conector entre los actores
sociales, como proveedor de información del Gobierno y el sector público,
Dr. Alejandro Prince – Voto electrónico
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como concentrador y diseminador de la opinión ciudadana, como consumidor
modelo de TICs, como implementador de sistemas de voto y consultas
electrónicas, y finalmente, como defensor de la democracia, sea ésta
electrónica o no.
Por la Dra Susana Finquelievich

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